¿Centros de Readaptación Social regidos por “autogobiernos”?

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  • 9 March 2012 by admin 0 Comentarios

Ante los hechos del pasado 19 de febrero, en el CERESO de Apodaca, en Nuevo León se ha hablado mucho de sí realmente los centros de rehabilitación social en México, están cumpliendo con su función de rehabilitación. Si bien los objetivos de readaptación social sólo pueden lograrse si existen las instituciones penitenciarias adecuadas, pues éstas, además de brindar asistencia social al encarcelado, desincentivar la comisión de delitos, incapacitar para que sigan cometiendo delitos en prisión, deben prevenir la reincidencia del liberado. Sin embargo, las cárceles han sido duramente criticadas pues la mayoría de las veces no cumplen con estas funciones.

Desde hace algunos años, algunos académicos han escrito algunos artículos sobre el sistema penitenciario mexicano y su crisis latente. El problema al que se enfrentan no es sólo de recursos, sino a una mala administración y control de los penales. Algunos centros suelen ser lugares de abuso, dónde los derechos humanos no son respetados. Además, las cárceles se enfrentan a carencias organizacionales, deficiencias funcionales y falta de personal calificado, lo cual dificulta la operación de las mismas y la aplicación de las leyes, causando en ocasiones altos niveles de corrupción.

Eduardo Guerrero Gutiérrez, colaborador del periódico El Norte, experto en temas de seguridad y violencia, menciona que el sistema de readaptación social se ha visto afectado por la penetración del crimen organizado, pues las cárceles se han vuelto centro de atención para las políticas de seguridad. En los últimos años, el número de presos de organizaciones criminales ha aumentado, lo cual ha generado una especie de “autogobierno” en las cárceles de algunos estados, que va desde cobrar por protección a los internos, hasta influir en el proceso de elección de los custodios. A consecuencia de este autogobierno, las riñas y las fugas son más frecuentes, tal como ocurrió en el penal de Apodaca, donde 44 presos murieron y 30 se fugaron.

De acuerdo a lo publicado en los medios, por lo general las riñas y fugas, involucran presos por delitos federales, los cuales se encuentran en cárceles estatales. La sobrepoblación existente contribuye al “autogobierno” pues permite el control de prisioneros, comida u otros servicios por parte de organizaciones criminales. Por otro lado, éste mismo permite el reclutamiento de nuevos miembros, pues la mejor alternativa para sobrevivir dentro de la cárcel es ser parte de la organización criminal que la controla. Cualquier movimiento o cambio dentro del penal, será motivo de riña porque pondrá en juego el control y el equilibrio de poderes de la misma.

El hecho de que el crimen organizado tenga el control de varias cárceles, representa un gran obstáculo para las políticas de seguridad, pues no permite que éstas se lleven a cabo de una manera eficaz. Es necesario mencionar el gran riesgo que esto representaría sí se extendiera a todas las cárceles, pues las autoridades no tendrían ningún control y existirían incentivos para utilizar otras herramientas como mecanismos de coerción por parte de las autoridades.

Surgen entonces las siguientes preguntas, ¿son las cárceles escuelas de crimen y reclutamiento para la delincuencia organizada? ¿Qué es lo necesario para recuperar el control de las cárceles y de esta manera el sistema penitenciario pueda cumplir con sus objetivos de rehabilitación y readaptación social de los delincuentes?

Escrito por Staff Observatorio de Políticas Públicas de Nuevo León
12 de marzo de 2012

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